¿Cómo pueden las infraestructuras regenerativas revitalizar un país donde el 70% de los activos críticos supera los 30 años? Frente a la urgencia climática, expertos apuntan a una transformación radical: pasar de simplemente ‘no dañar’ a reparar y regenerar, un salto que requiere inversión estratégica y digitalización masiva.
Infraestructuras que regeneran: alianzas y tecnología para un futuro positivo
La respuesta a la crisis de infraestructuras es una evolución ética y económica. Por lo tanto, no se trata solo de una mejora técnica. Según Justo Vicente, CEO de infraestructuras en Acciona, “una infraestructura regenerativa es aquella que devuelve más de lo que toma”. En consecuencia, este concepto redefine el propósito mismo de nuestras obras públicas.
Sin embargo, este cambio exige transformar los criterios de contratación. Tradicionalmente se premia el menor precio. No obstante, Vicente subraya que ahora “hay que premiar el mayor impacto positivo”. Así, el valor social y ambiental se vuelve central para las infraestructuras regenerativas.
Además, la regeneración de infraestructuras no puede entenderse sin digitalización. De hecho, tecnologías como IA e IoT son habilitadores transversales. Finalmente, el impulso debe ser conjunto. Muruais insistió en que sector público, empresas y universidad deben colaborar. Esta alianza es clave para materializar las infraestructuras regenerativas.
Modelo regenerativo: ahorro, durabilidad y valor socioambiental.
Este nuevo paradigma, además de ser ético, demuestra su viabilidad a través de resultados concretos. El verdadero potencial de las infraestructuras regenerativas se mide en múltiples dimensiones. Por un lado, generan ahorros operativos significativos. Según Justo Vicente, CEO de Infraestructuras de Acciona, “con sensores, gemelos digitales y plataformas de gestión podemos reducir los costes de operación hasta en un 20%”. Además, estas tecnologías alargan la vida útil de la infraestructura en al menos una década.
Sin embargo, el impacto va más allá de lo económico. Por ejemplo, el Ministerio de Transportes ha activado financiación para conectar municipios mediante itinerarios ciclistas segregados. Estas pequeñas intervenciones demuestran cómo las infraestructuras regenerativas crean valor social inmediato, mejorando la conectividad y fortaleciendo comunidades.
En definitiva, como afirmó Justo Vicente, “el retorno no solamente es económico: es social, ambiental y reputacional”. Este modelo híbrido justifica plenamente la inversión inicial en infraestructuras regenerativas, superando la mirada cortoplacista.
Claves para reproducir modelos regenerativos: planificación, formación y regulación ágiles.
Para extender estos beneficios a gran escala, es necesario abordar ciertos factores habilitadores. Escalar las infraestructuras regenerativas requiere un cambio de mentalidad. En primer lugar, es crucial agilizar la planificación. Por ejemplo, los tres ponentes coincidieron en revisar los marcos normativos y financieros. Además, la formación académica debe actualizarse urgentemente.
Este enfoque plantea retos de inversión y gobernanza. Sin embargo, priorizar intervenciones con alto impacto social es clave. Justo Vicente defendió priorizar zonas de tránsito habitadas. Su efecto directo en las comunidades maximiza el beneficio.
Finalmente, la tensión entre innovación y burocracia es un obstáculo. Por lo tanto, se necesitan procesos administrativos más ágiles. En consecuencia, la regulación europea puede ser un acelerador vital. Así, se podrán implementar más infraestructuras regenerativas de manera eficiente.
Construir un ecosistema abierto con datos compartidos y colaboración tripartita.
La materialización de esta visión depende, en última instancia, de un cambio sistémico en la forma de trabajar. La visión para las infraestructuras regenerativas debe ser sistémica. En este sentido, la infraestructura debe entenderse como nodo de un sistema abierto, no como obra aislada. Por consiguiente, su éxito depende de la transparencia y el intercambio. La apertura de datos y conocimiento actúa como acelerador de la innovación.
Por ejemplo, los gemelos digitales requieren esta filosofía abierta. Además, la complejidad del reto exige una colaboración tripartita. Esta alianza entre administración, empresa y academia es la única vía para abordar dicha complejidad. Juntos pueden construir una visión compartida y duradera.
En definitiva, quien no colabore y se digitalice, se quedará atrás. El futuro se construye con infraestructuras regenerativas en red. Finalmente, esta es la base para una transformación radical y colectiva.





























