Cuando en 2015 el gobierno insular apostó por convertir Gran Canaria en una ecoísla, la energía se situó como el eje de la transformación. La intermitencia del sol y el viento, sin capacidad de regular la oferta y la demanda, hace vulnerable el suministro. Las experiencias de almacenamiento distribuido en el Gran Canaria Arena o el Polígono de Arinaga, que combinan fotovoltaica y baterías, son valiosas, aunque insuficientes. Por eso, se exige un régimen retributivo específico para Canarias que reconozca su condición ultraperiférica y facilite la descarbonización.
Funcionamiento de la central reversible Salto de Chira como sistema de almacenamiento
Gran Canaria cuenta ya con 440 megavatios renovables, casi la mitad de los 1.000 megavatios del archipiélago, mientras la demanda eléctrica se mantiene estable.
El eje de la solución es la central reversible de Salto de Chira, de 200 megavatios. Funciona como una batería de agua: en horas de baja demanda, bombea agua a un depósito elevado usando energía sobrante; cuando el consumo sube, la deja caer por turbinas para generar electricidad.
Esa infraestructura, pieza clave de la planificación del Consejo Insular de la Energía de Gran Canaria y desarrollada junto a Red Eléctrica, se complementa con almacenamiento distribuido en lugares como el Gran Canaria Arena o Arinaga. Si este mecanismo no entra en operación a tiempo, el déficit de flexibilidad pondría al borde del apagón a la isla.
Sin almacenamiento, riesgo de apagones y metas renovables incumplidas en 2030
Así, la falta de sistemas de flexibilidad y almacenamiento suficientes amenaza con convertir esas metas en un ejercicio de papel, especialmente si los proyectos estratégicos siguen acumulando retrasos. El objetivo es claro: incorporar almacenamiento que evite riesgos reales de apagones. Además, se exige acelerar la eólica marina y garantizar los fondos europeos Next Generation, considerados pilares económicos insustituibles para sostener esta transición imprescindible.
Factores críticos: fondos Next Generation, marco retributivo y aceleración de la eólica marina
El Consejo Insular fue concebido como una herramienta operativa con capacidad real de intervención y transformación. La isla necesita un régimen retributivo específico que contemple su condición ultraperiférica y facilite la descarbonización. Se solicita un concurso de capacidad urgente para incorporar almacenamiento y evitar apagones. La geotermia profunda y el hidrógeno verde en Arinaga permanecen en fases exploratorias. Las comunidades energéticas mitigan parcialmente, pero no sustituyen las soluciones a gran escala.
Comunidades energéticas y el papel de ciudadanía y ayuntamientos
El Consejo Insular ha fomentado una dimensión social imprescindible. Una de cada tres instalaciones de autoconsumo del archipiélago se concentra aquí, aportando el 40 % de la potencia doméstica. Iniciativas como las de Siete Palmas o Playa del Inglés ya generan electricidad y se prevé que más de 6. La coordinación con los 21 municipios, articulada mediante el Pacto de las Alcaldías por el Clima, completa este entramado local. Estas medidas ciudadanas son necesarias, pero no suficientes: sin almacenamiento a gran escala que equilibre la generación renovable, el sistema mantiene su fragilidad.





























