inteligencia artificial El Salvador

El presidente Nayib Bukele anunció en cadena nacional de radio y televisión que cederá gran parte de la gestión del sistema público de sanidad a un sistema de inteligencia artificial de Google. La aplicación Dr. SV asumirá funciones clínicas amplias: creará un expediente único, orientará síntomas, asignará exámenes de laboratorio y programará consultas virtuales o presenciales con médicos. También hará seguimiento diario a pacientes con enfermedades crónicas como diabetes o hipertensión.

Bukele, sonriente ante las cámaras, dijo emocionado: “Estamos creando el mejor sistema de salud del mundo”. Mientras el Gobierno entrega el control clínico a un algoritmo privado, los ciudadanos deberán ceder sus síntomas sin conocer a los médicos que validarán esas consultas. Los nombres de los profesionales detrás de la app permanecen en secreto.

Un comité de ética fantasma y miles de despidos: el trasfondo del Dr. SV

Sin embargo, la emoción presidencial contrasta con los pasillos vacíos de los hospitales tras el despido de 7.700 empleados en 2023. Médicos, enfermeros y especialistas salieron del sistema público justo cuando una nueva arquitectura digital prometía encargarse de la prevención de enfermedades crónicas.

Stella Aslibekyan, epidemióloga de la Universidad de Alabama, aseguró que los ensayos clínicos del programa se realizan bajo la supervisión del Comité de Ética de El Salvador. Ese órgano no tiene existencia pública verificable. Nadie sabe quiénes lo integran ni cómo fiscaliza el flujo de información clínica que ahora Google procesa a través de la aplicación.

Expertos en privacidad advierten que la cesión masiva de datos sanitarios a sistemas de inteligencia artificial sin controles transparentes multiplica los riesgos de uso indebido de la información personal.

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El país ya pasó por esto antes. La apuesta por el Bitcoin, con una inversión de 329 millones de dólares según Cristosal, terminó en retirada silenciosa el año pasado sin los resultados prometidos. Nadie preguntó entonces, como nadie pregunta ahora.

La historia se repite con otro experimento donde la inteligencia artificial reemplaza la consulta democrática por un anuncio en cadena nacional. Bukele busca en la salud lo que ya consiguió en seguridad: un titular global que lo muestre como pionero. Pero esa emoción contrasta con el vacío de la sala. No hubo médicos en la presentación, ni pacientes, ni enfermeras. Tampoco sindicatos que alertaran sobre el manejo de datos clínicos por una multinacional. El ciudadano se queda solo, con una app y la promesa de un futuro que otros decidieron por él.

La letra chica de la salud digital

Pero en la realidad, Doña María no tiene smartphone. Tampoco entendió cuando su nieto le explicó que debía hablar con una pantalla para que un médico le recetara sus pastillas. Mientras, el presidente anunciaba que “en algún momento estaremos tratando cáncer, haciendo cirugías” con inteligencia artificial. Las palabras rebotaban en un salón refrigerado, lejos del calor de su comunidad. ¿Quién atiende a quienes no pueden descargar la app? Los expertos han señalado riesgos: pérdida de privacidad, indebido uso de información personal que viaja a servidores extranjeros. Los médicos detrás del sistema permanecen anónimos. Ese comité de ética que supuestamente supervisa todo es una entidad desconocida públicamente. La salud se vuelve una consulta sin rostro, una promesa grandiosa para un paciente solo frente a una máquina que no escucha.