La doctora Andrea Perrot, directora médica del Hospital Universitario CEMIC, sede Saavedra, lo formuló así: “No podemos gestionar un hospital de agudos como lo veníamos haciendo hasta ahora”.
1. El desajuste del sistema: saturación hospitalaria, escasez de personal y cuellos de botella en cuidados
La longevidad expone con crudeza la saturación hospitalaria y la escasez de personal. El hospital de agudos ya no alcanza para responder al nuevo perfil de pacientes. En esa línea, Perrot propuso fortalecer la hospitalización domiciliaria, la telemedicina y los equipos interdisciplinarios enfocados en adultos mayores. Pablo Stutzbach, ex presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología, describió una crisis estructural del recurso humano e instó a profesionalizar la enfermería. Marcelo Rohr advirtió sobre un cuello de botella de cuidados: no solo faltan recursos, sino personas dispuestas a brindar atención prolongada. La inteligencia artificial en turnos y la cirugía robótica aparecen como alivios parciales de procesos.
2. Riesgo de desborde: envejecimiento, falta de cuidadores y atención inequitativa e insuficiente
Rohr, director general de Centros Hirsch, advirtió que la gran tensión de las próximas décadas no pasará sólo por la cantidad de personas que necesiten atención, sino por la disponibilidad real de quienes estén dispuestos a brindarla.
No alcanza con contar población potencialmente activa; también importa cuántas personas elegirán orientar su vida a un trabajo exigente en lo físico y en lo emocional. Si esa elección no ocurre en volumen suficiente, la atención se encarecerá y se volverá más inequitativa. Rohr propuso reorganizar el sistema sobre tres dimensiones: atención, cuidados y apoyos, con mayor desarrollo de dispositivos para sostener autonomía y acompañar la vida cotidiana.
3. Gestionar la resistencia al cambio sin promesas tecnológicas milagrosas
El rediseño del sistema sanitario enfrenta barreras que van más allá de lo presupuestario. Desde las neurociencias, María Roca, directora de INECO, explicó que el cerebro prefiere lo conocido y percibe el cambio como estrés. “Pensar fuera de la caja, cambiar, consume recursos y aumenta los niveles de estrés”, afirmó. La gestión de esa resistencia requiere seguridad psicológica y resiliencia en los equipos de salud.
El tema de los recursos humanos apareció en varias mesas. Stutzbach mencionó entre las posibles respuestas la profesionalización de la enfermería y la incorporación de inteligencia artificial para aliviar procesos. Sin embargo, la tecnología no reemplaza una reestructuración profunda. Puede, incluso, generar nuevas brechas si no se acompaña con formación y criterios de equidad.
La discusión sobre sostenibilidad completó la agenda. El debate sobre ganadores y perdedores del sistema, eficiencia y eliminación del desperdicio sanitario dejó en claro que no hay soluciones lineales. Cualquier paso concreto deberá considerar estos límites.
4. Iniciativas para reorganizar atención, cuidados y apoyos a largo plazo
A partir de ese diagnóstico, fortalecer la atención primaria, la prevención y la autonomía de las personas mayores son ejes accesibles para acompañar la longevidad. Perrot propuso alternativas comunitarias como la hospitalización domiciliaria y la telemedicina, que reducen la dependencia del hospital de agudos. Stutzbach mencionó la profesionalización de la enfermería; Jorge Pérez presentó aplicaciones de inteligencia artificial en la administración de turnos. Ambos frentes liberan tiempo clínico. María Roca subrayó que promover programas de salud mental desde el liderazgo y medir resultados es clave. Rohr propuso reorganizar atención, cuidados y apoyos con dispositivos para acompañar la vida cotidiana. Son pasos iniciales, no soluciones completas. Cada comunidad deberá adaptarlos a su contexto local.





































