Aparecida en Ceuta en 2015, la Rugulopteryx okamurae se expande sin depredadores que la frenen. El viento y las corrientes la concentran en la costa. En La Línea de la Concepción se retiraron 10 toneladas en 48 horas. Al descomponerse al sol, los microorganismos liberan sulfuro de hidrógeno, un olor a huevo podrido que recrudece con la humedad. Juan José Vergara, catedrático, subraya: «el problema no es lo que aparece en la playa, es lo que está bajo el agua», donde el alga reduce la luz y desplaza a la flora nativa. Ya hay focos en Galicia y las Islas Cíes. Esta invasión ha impulsado un estudio de la Universidad de Sevilla que propone darle una salida mediante la economía circular.
Compostaje con insectos y digestión anaeróbica para convertir el alga en compost y biogás
El proyecto, liderado por la Universidad de Sevilla y Red Eléctrica, aborda el problema desde varios frentes. Con insectos como la mosca soldado negra y cucarachas del género Eublaberus, en colaboración con la Universidad de Extremadura, se reduce su toxicidad y se obtiene un biocompost fertilizante. La salinidad residual necesita ajustes. Paralelamente, la digestión anaeróbica genera biogás. La aplicación de un pretratamiento mecánico y térmico, desarrollado con el CSIC, eleva la producción de metano y deja biofertilizantes como subproducto. Además, se investigan compuestos para las industrias alimentaria, cosmética y farmacéutica.
Biogás, fertilizantes y compuestos valiosos obtenidos del procesamiento de algas
La colaboración con el equipo de Rafael Borja, del CSIC, ha optimizado la producción de biogás. Los ayuntamientos, que hoy destinan recursos a retirar hasta 60 toneladas en pocas horas, verían reducido ese gasto si el alga se convierte en recurso. Así, el enfoque de economía circular se traslada del laboratorio a la gestión local.
Desafíos técnicos: salinidad, metales pesados y necesidad de pretratamiento
Aunque la economía circular promete transformar las algas en recursos, los procesos aún enfrentan escollos. El compost resultante, por ejemplo, retiene salinidad que obliga a ajustes para su uso agrícola. Cuando se emplean organismos como Porcellio laevis en la reducción de toxicidad, el control de metales pesados se vuelve indispensable.
El MITECO la detectó por primera vez en Ceuta en 2015, y ya se han identificado focos en Galicia y las Islas Cíes. La acumulación masiva en las playas, con un olor persistente que altera el litoral, exige una coordinación institucional que aún no se ha consolidado. Sin pruebas piloto a mayor escala, la amenaza submarina seguirá desbordando las respuestas actuales.
Nuevos focos en Galicia, protocolos de retirada y programa Bosque Marino
Los focos en el norte confirman que el desafío traspasa el sur peninsular. Aunque la movilización constante de recursos supone un gasto elevado, los ayuntamientos adoptan protocolos específicos de retirada y transporte. El fin es claro: impedir que los fragmentos colonicen nuevas zonas.
Estas acciones se complementan con la participación ciudadana. El programa Bosque Marino, impulsado por Redeia y Ecomar, canaliza el esfuerzo de voluntarios hacia la recuperación de los ecosistemas. Al mismo tiempo, los proyectos que convierten la biomasa en biogás y fertilizantes consolidan un modelo de economía circular. El reto costero se transforma así en una oportunidad colectiva para regenerar el litoral.



































